Qué diferencia los terminales nuevos de los antiguos

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Con que miremos simplemente seis años atrás, nos daremos cuenta de que la evolución de los smartphones se aprecia mucho o poco, según los aspectos en los que nos fijemos. El diseño, por ejemplo, poco ha cambiado en la mayoría de los casos: cuantos menos botones mejor, cuanto más grande la pantalla mejor, acabados poco angulosos, esta es la tendencia estética. En cuanto a sus capacidades, algunos son capaces de hacer verdaderas virguerías, pero no muchos usuarios pasan de hacer cosas como jugar a las tragaperras desde la app de William Hill, mantener largas conversaciones de WhatsApp o consumir todo tipo de videos en YouTube.

Esta es la cuestión: un porcentaje muy bajo de los usuarios saca pleno rendimiento de las características de su teléfono. Hoy día los smartphones son usados por niños, adolescentes, jóvenes, adultos y tercera edad. Más de la mitad de estas personas no pasan de usos como el juego, fotos ocasionales, llamadas y mensajería. A menos que seas un auténtico gamer o edites video desde el terminal o utilices diez aplicaciones a la vez por trabajo, un teléfono de hace cuatro años o más será más que suficiente para llevar a cabo las tareas diarias.

También hay que tener en cuenta que muchas veces querer actualizar más allá de lo que un dispositivo recomienda puede terminar por ralentizarlos, pero en la mayor parte de los casos, una mínima duración de la batería o una pantalla demasiado rota serán los motivos por los que deberíamos cambiar de teléfono (a menos que sea por puro capricho de tener lo más nuevo). Los terminales de hace unos años mueven sin problemas las redes sociales, fotos y videos de una resolución aceptable, admiten las últimas versiones de las aplicaciones más populares y reproducen todo el contenido multimedia que tengamos almacenado en el dispositivo o la tarjeta.

Donde más notaremos la diferencia será en la cámara, la autonomía y, según usos que pretendamos darle, diferentes implementaciones (resistencia al agua, giroscopio, acelerómetro, altavoces o micrófonos) que, a grosso modo, no son prioritarias para el usuario medio. Así que, y en definitiva, cambiamos de terminal sobre todo por el afán de estrenar, cuando la mayor parte de los dispositivos todavía pueden dar mucho de sí.

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